La culpa es suya

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Gari Durán, Ex Senadora y Portavoz de “Familia y Dignidad Humana”

Obligatorio en la escuela y en la Administración pública, a pesar de todo, el uso del catalán retrocede en nuestra Comunidad. El ámbito temporal del informe elaborado por el Institut d’Estudis Catalans (IEC), Omnium Cultural y la Plataforma per la Llengua se circunscribe a los años que van del 2004 al 2014 y como en todos los estudios anteriores hay un aspecto que no se aborda en ningún caso: la autocrítica. Podría parecer una insensatez de no ser porque quien elabora el informe -no me refiero necesariamente a las personas, sino a las entidades- ha tenido, durante treinta años las herramientas legales y los recursos económicos para que el uso del catalán no sólo no retrocediera sino que aumentase exponencialmente, por lo menos en la misma medida que las generaciones de jóvenes educados en la inmersión lingüística y los funcionarios formados en los distintos niveles del catalán necesario para acceder y ascender en la Administración pública.

Los números no cuadran y probablemente lo harían todavía menos si los comparásemos con los porcentajes de uso de la lengua autóctona de Baleares (sic) de décadas anteriores, en las que ese uso no precisaba de normalización, sólo de normalidad y del orgullo de sentir que la lengua que se hablaba era, de forma natural, la propia.

Hablaba de autocrítica. No es el primer informe de estas características que leo, pero el guion es invariablemente el mismo: el uso del catalán retrocede o no aumenta lo esperado y la causa es siempre la política del PP y tangencialmente, la cuestión demográfica. Lo primero es reversible siempre y cuando se tenga un PP centrado (entendiendo por centrado, uno que se pliegue a los dictados nacionalistas o que no interfiera en cuestiones educativas o culturales) o que gobierne la izquierda nacionalista (¿acaso hay otra?).

En cuanto a la demografía, recurrir a ella para explicar ese retroceso, resulta ahora mismo políticamente incorrecto. Es cierto que en estudios similares se ha explicado la prevalencia social del castellano en determinados momentos, a partir de la llegada de la emigración peninsular (para los separatistas catalanes y supongo que también para nuestros autóctonos adalides del barco de rejilla, un caballo de Troya enviado por Franco para acabar con nuestra lengua). La masiva llegada de emigrantes a principios del 2000, también fue esgrimida como causa de que esa tendencia ascendente, favorecida por la Ley de Normalización Lingüística, el Decreto de Mínimos y la ausencia del castellano de la Administración, sorprendentemente no se produjese. Pero a día de hoy, las normas del catecismo progre impiden responsabilizar -siquiera como hipótesis de trabajo- a la población inmigrante de cuestión alguna, por lo que, en lo que se refiere a los años objeto de estudio, la única causa posible es el TIL que no fue y la libre elección de lengua en la primera enseñanza, que tampoco fue. Créanme, como trabajo de investigación, el estudio al que me estoy refiriendo es, en términos académicos, una auténtica tomadura de pelo y, si alguien ha pagado por él, le debería ser devuelto el dinero.

O no, si lo único que se pretende es describir un hecho y ocultar las causas reales del mismo, además justificar la existencia de los organismos firmantes.

Si hablamos de causas, una tímida y puntual política adversa no puede en ningún caso justificar que una lengua obligatoria en la enseñanza y en la administración y potenciada por los organismos públicos en prácticamente todos los ámbitos de la vida de los ciudadanos, a la que se han dedicado recursos económicos ingentes, no sólo no goce de buena salud sino que su uso retroceda. ¿Se han planteado alguna vez esas entidades y organismos en cuyas manos ha estado la enseñanza, la promoción y la imposición de la lengua catalana, qué han hecho mal para que treinta años después los resultados sean tan magros? ¿Se les ha ocurrido aunque sólo fuera por un instante que su estrategia haya sido la equivocada? ¿Por qué una lengua que antes era estimada por mallorquines, menorquines o ibicencos, se ha convertido ahora en una lengua antipática?

Quizás -sólo quizás- es que no nos estamos refiriendo a la misma lengua. Relegada al registro informal, -o lo que es lo mismo, a ser utilizada en el hogar, entre amigos, en los bares y en el folklore- la lengua con la que el hablante autóctono se sentía identificado y que, por eso mismo el de fuera identificaba con una sociedad en la que deseaba integrarse, ha sido substituida por un estándar impuesto que nadie siente como propio, por lo que su interés en utilizarlo, una vez sale del ámbito en el que le es impuesto, es nulo.

Digo que nadie siente como propio, pero no es del todo cierto. Los que llevan años propiciando la desaparición de las modalidades propias, los que no dudan en sacrificar la lengua de sus ancestros en beneficio de la idea de «una sola lengua, un solo país», los que venden como científica lo que no fue sino una decisión política, los que no dudan en insultar -fascistas, gonellas, incultos- a quienes, -como la Fundació Jaume III- alzan la voz en defensa de esas modalidades como manda la Ley, esos, sí sienten el estándar impuesto como propio, porque se corresponde con su idea de país.

Pero se olvidan de que una lengua persiste en la medida que haya quien la quiera hablar y se sienta identificada con ella y eso no se hace por decreto. No sé si en privado se lo plantean, pero dado que han sido los únicos artífices, que sepan, que de ese retroceso, la responsabilidad es sólo suya.

Artículo publicado el 9 de Noviembre en “El Mundo”

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